Tokio Blues.

Todo comienza en un momento extraño, cuando tus neuronas se han negado a funcionar y alguien que en los últimos meses ha pasado a convertirse en el guía material que moldea tu presencia te pasa un título de un autor japonés.

Acabas de leer al gran Saramago, su “Ensayo sobre la Lucidez” complementando al “Ensayo sobre la ceguera”, culmen de la literatura contemporánea, y te confías en tu capacidad de abstracción para viajar a dos mil kilómetros de donde habitualmente te encuentras tirado.

Vas a la primera librería que te presta y compras el libro. Tokio Blues, de Haruki Murakami. Abres la primera página. Entre ese olor a papel (me encanta) empiezas a degustar una prosa ágil, cercana y con un tinte cojonudamente interesante… -esto funciona- te dices.

Algo parecido es lo que me sucedió con el ya citado “Tokio Blues”, un libro que vino como un pasatiempo (estaba arto de los Sudokus)  para hacer más llevadera la desidia, y que pronto se convirtió en el aderezo  perfecto  para este coctel de historias mal estructuradas que transitan por mis neuronas.

La novela es una radiografía pulcra del  Tokio de los 60, donde Toru, su protagonista, construye (o destruye) una geometría social de esa etapa pos-pajillera  del Tokio más lúgubre y nostálgico que cualquier viajero se pueda encontrar  (con temas bastante llamativos para el post-pajismo como  la pérdida de los seres queridos y la sexualidad)

Narración ágil, descripciones personalizadas,  una revisión literaria y musical al periodo bastante completa, son algunas de sus características, pero la característica (no en plural) por antonomasia, es esa inyección directa en la vena primaria de la pubescencia añeja (la sexualidad, la pérdida, el alcohol…)

Lo curioso de todo esto, no es que Murakami  me guste y por eso os hable de su novela,  este TIPO, extravagante y no dado a salir en los medios de comunicación, ha permitido que la citada obra se lleve al cine. Dirigida por Anh Hung Tran, el próximo día 11 se estrenará en Japón la que creo será la producción nipona  más comentada en Europa.

Destaco (prudente ante todo), que es bastante posible  que los 35 milímetros nos decepcionen, pero ya puestos en esta tesitura, espero  que pronto (si la censura hegemónica de Hollywood lo permite) la podamos contemplar en nuestras salas.  Si no, a los curiosos, siempre nos quedará internet, eso sí, si algún atrevido se aventura a subtitularla, porque en japonés… como que nos resultará un poco extraño, ¿no creen?

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3 respuestas a Tokio Blues.

  1. Jose dijo:

    No quiero leer el libro, porque entonces si que me decepcionará la peli y ademas estos japos me dan miedo desde niño, mejor cuando la estrenen, me avisas y vamos a verla, con subtitulos claro.

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