P. A.

En España se adereza el cocido con aromas de esperanza, pero ojo, que el gol de Iniesta limpió las almas mater de los apóstoles del pecado. Al compás, La Cruz, la cruz, sanó el liviano quehacer de ese pasar los lunes contemplando la lluvia bajo el abatir de las gotas afiladas refrescando los bolsillos en números negativos.

Porque el 1, 2, 3… ya no desfilan por Cibeles, en el cole las mates solo entienden el -1, -2,-3…  ¡Qué tiempos aquellos cuando el 0 era todo lo que teníamos!

El despotismo del sillón nos saluda el buen día que la Bismarck visitó a Joselu. – ¿He aprendido a restar?- la pregunta con su hispano-alemán de escuela prusiana. Mientras, la Generalísima Barba de lo que me estoy encontrando, con gaviota al hombro, guarda los confetis para otra verbena. –Mire usted, ésta no es para usted.

Yo espero en el retrete, el hoy por ser tan tarde y el pasado y el al otro, cuando caigo inoportuna cuenta, que tengo vacío el bote de la esperanza -¿Y mi cocido?

Voy al chino de la acera de enfrente, que se hace con la ciudad más bucólica en el café y fermentada en sus calles. Lo que chirría en mis venas, son las sobras de aquello que se llamaba subsidio, y en parte también mi abatimiento,  porque por desgracia, la gracia está, en que el explotado, ahora también juega a someter con sus reglas.

¿Y mi cocido?

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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