8001, una odisea en el ciberespacio

Intentaré trasportaros al año 8001. Esto no es una novela de Asimov, tampoco una película de Spielberg, ni mucho menos un extracto de la genialidad cuántica de Hawking, es más, veo muy complicado que mi amigo Joaquín dé con la máquina del tiempo; simplemente es un ejercicio que requiere cierta capacidad de abstracción con una dosis innata de creatividad y, sobre todo, la negación de cualquier postura escéptica que dificulte el hilo de las lucubraciones aquí presentes.

En estos últimos meses mis neuronas han deglutido que en no tardando mucho el ecosistema del ciberespacio necesitará de políticas de gestión y conservación medioambiental ante la multitud de basura cibernética que nuestro aburrimiento, o simplemente nuestra necesidad de comunicación, generan sin cesar.  Así me encontraba en un tarde lluviosa caminando hacia la cocina cuando de repente choqué de bruces con el año 8001, sí, el año 8001. Mi presencia no era tangible, yo me mostraba a modo de un animal desorientado codificado en unos y ceros (o cuánticamente, no lo sé), que veía como su pasado, todavía cercano, había sido algo importante para el medio y el tiempo donde deambulaba.

Es curioso como desde aquella perspectiva puede observar a los arqueólogos del ciberespacio desenterrando entre pulsos de corriente toda aquella amalgama de datos que mostraban fotografías, cuentos, cartas de amor, desengaños, reseñas científicas, videos porno… de nuestra época.  Aquellas personas seleccionaban una a una todas esas absurdidades que muchas veces colgábamos sin ninguna razón, para analizarlas sistemáticamente y comprobar el comportamiento de los primeros habitantes de la red.

Con pasos lentos me acerqué a ellos y clavé mis ojos en lo que ahora escribo. A tientas, debido a las modificaciones morfológicas y sintácticas de la lengua por el paso de los siglos, entendí como trataban lo que para la época puede ser este texto, de algo fascinante. Analizaban cada palabra, interpretaban las frases y las contextualizaban, extraían el propio mensaje… esa diseminación podía entenderse hoy como una operación a corazón abierto de una anécdota redactada entre cigarros.

De repente desperté en el presente, y lo que más curiosidad me produjo fue que en ningún momento ellos se percataron de mi viaje al futuro narrado en pasado. No logré tranquilizarme hasta transcurridas unas horas, tampoco entendí el porqué de tanto empeño por mi parte en reparar mis incertidumbres en ese pormenor. Al acabar de escribir estas palabras encendí un cigarrillo, entonces me enorgullecí al pensar que esto, y todo lo que aportamos a la red (fotos, mensajes, porno…), será tema de estudio o arqueología cibernética para los habitantes del año 8001, ya que involuntariamente en la mayoría de los casos, construimos algo que para ellos formará una realidad tan importante como el mundo sensible.

Qué cosas.

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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2 respuestas a 8001, una odisea en el ciberespacio

  1. ESTRELLA dijo:

    MUY BUENO. SEGURO QUE ALGO PARECIDO OCURRE EN EL FUTURO, PERO SEGRO QUE TAMBIÉN LES DESBORDA TODO LO QUE ENCUENTRAN.

  2. Noemi dijo:

    En el 8001 quedará constancia de tus escritos, pero te recuerdo que la autoría es de Doña Primitiva…
    Será todo un fenómeno sociológico que estudiarán por su capacidad de abstracción y de descripción de fenómenos dos generaciones por delante suyas… 🙂

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