Análisis poselectoral

Hace falta un buen paseo y tabaco para posteriormente sentarse bajo un árbol y pensar en qué se fundamenta el comportamiento de ciertas personas tras unas elecciones. No se suele tras de esto encajar un concepto apropiado de sectores agresivos y cadentes de rigor. Por eso mismo tu corazón, te hace recordar las historias narradas por los ancianos en aquellas tardes de moscas y sol. Historias por desgracia que se repiten adaptándose al contexto. ¿Quiénes eran los malos? Yo, lo tengo claro, tentado eso sí, por el paralaje político.

El porqué entender discursos derrotistas o triunfalistas, se resume en la coherencia banal de que tiene que haber un vencedor y un vencido. Pero el basar los discursos triunfalistas en injurias y calumnias, sorprende cuando sus representantes, nos hablaban de que con ellos sería mejor para todos. Es claro, la cosa empieza mal, se está excluyendo o simplemente incluyendo en la desgracia a personas.

Cuando todo esto se repite una vez cada dos, cuatro o las veces que marque nuestra superflua y escasa participación como ciudadano ante las instituciones, extraes la conclusión de la canallada que es, fue y será lo que los humanos llamamos vivir en democracia. Así, y sin más dilación, te declaras en huelga con el régimen de papeletas, reafirmas tu concepción de nihilista y firmas el finiquito de un contrato con lo social.

Hay por último que atender una apreciación, cuidado con quien dice ser el que no es,  ya que éste, no  será por mucho maquillaje electoral y palabrerío. Siendo pues, por lo que a partir de ahora TODOS os conjuráis contra mí como yo me conjuro contra vosotros.

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