La alarma social

La alarma social es el primer paso que todo sistema organizado da para justificar políticas desagradables. La alarma social es una práctica habitual difundida a través de los medios de comunicación de masas, permitiendo que el espectador pasivo, acepte el mensaje sin meditar si éste es positivo o negativo. La alarma social es una de las bases de las democracias liberales, utilizada por los poderes financieros y sus subsidiarios, los Estados, para neutralizar cualquier comportamiento que se anteponga a sus pretensiones. La alarma social cobra fuerza cuando un partido político legitimado mayoritariamente por el desgaste de su principal opositor la lanza. En resumen, la alarma social es el ladrido del perro para que el rebaño sumiso siga el redil marcado por el pastor.

En los últimos días en Castilla La Mancha hemos vivido un drama nunca antes recordado,  muy a juego con la política llevada a cabo por la DICTADURA  franquista. El pasado viernes, el número dos de los franquistas, por no decir el uno, el señor Tirado, anunciaba que la Junta de Comunidades estaba en banca rota. Pronto los medios de comunicación afines, y no tan afines, sembraron el miedo en las conciencias de los castellano-manchegos. La alarma social estaba en la calle fundamentada en estimaciones infladas (al estilo de la campaña).

Horas después los castellano-manchegos empezaban a comentar el mensaje. Éste, convertido en rumor de escalera, se divulgaba con interpretaciones dispares y complementadas por las tertulias desinformativas televisivas, a cada punto de la Región.  Incluso los socialistas empezaban a dudar de sus representantes. La alarma había hecho efecto, el miedo gobernaba los bolsillos. Se reconocían los culpables, y se urgía a los opositores actuaciones rápidas. Había que salvar la Región, cualquier maniobra sería aplaudida en pos del bien colectivo.

El mensaje perdería todo su valor en el momento que saliesen datos oficiales, pero el siguiente paso estaba en marcha. La amnesia informativa a través de un segundo mensaje (facturas quemadas, vacío de las administraciones de documentos…) mantendría la alarma social. Después, sólo habría que eludir cualquier pregunta relacionada con las primeras informaciones.

Y a todo esto yo me pregunto ¿somos gilipollas? O mejor, ¿a qué están jugando con nosotros los gilipollas? La respuesta es simple, sólo hace falta sentarse y reflexionar. A la derecha de este país todo lo que huele a público le apesta. Gran parte de su votante vive o sobrevive gracias a lo público. Por eso mismo, hay que deslegitimarlo y así justificar el palo que van a dar al estado del bienestar.

Es todo.

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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