Seamos optimistas

A lo largo de los días vividos siempre he observado la capacidad que tiene el sistema de destruir cualquier opinión disonante al discurso hegemónico presente en cada contexto. Los juicios facilones, difundidos por los medios de comunicación y generados por los grupos de poder, son compartidos entre los ciudadanos confeccionado lo que se llama opinión pública. Cualquier aportación intelectual lejana a las estandarizadas por las instituciones, pasa a ser tachada de utópica. Por cierto, palabra o herramienta de deslegitimación utilizada por el sistema.

Así me atrevo a afirmar que la opinión pública actual son todos aquellos argumentos generados por los grupos de poder que pueden ser expresados en público sin riesgo de sanciones o exclusión. Aquí me surge una pregunta ¿por qué esos planteamientos son los correctos? Quizás la respuesta de la mayoría será la segunda herramienta de deslegitimación del sistema “porque sí, siempre ha sido así”.

Gracias a estas dos herramientas de deslegitimación o como las quieran llamar, el sistema consigue conducir la opinión pública por el camino preferido. Ahora bien, a esto se le adhiere una complejidad que no es otra que el mero cuestionamiento de las herramientas de deslegitimación expuestas. Por desgracia, existe una tercera herramienta que consiste en tachar de marginal todo planteamiento que pueda cuestionar las primeras herramientas.

Llegando a este punto, el individuo, siempre más preocupado en pertenecer al grupo mayoritario que mantener sus convicciones y ser tachado de marginal, admite las opiniones lanzadas por los grupos de poder reservándose cuando no anulando las propias. El problema principal, es que las opiniones de los grupos de poder son elaboradas por unos pocos y para unos pocos -las élites financieras- mientras las opiniones que a todos nos interesan quedan silenciadas por la hipocresía individual de no ser diferente.

A pesar del panorama expuesto algo está empezando a cambiar. El movimiento 15-M o movimiento de la opinión pública real ha plantado cara a la opinión pública generada por los grupos de poder. Con este nuevo caldo de cultivo sólo me queda esbozar una serie de cuestiones: ¿Conseguirá la opinión pública real imponerse a la opinión pública generada por los grupos de poder? ¿Esa opinión pública real tendrá la suficiente fuerza para traer cambios sustanciales al Estado? ¿O simplemente se convertirá en uno de los tantos antifaces utilizados por los grupos de poder para seguir actuando como siempre?

El tiempo lo dirá. Eso sí, seamos optimistas.

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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