La sociedad del engaño-acepto

El problema principal de la democracia vigente no está en cambiar el sistema electoral, ni en limpiar de corrupción la esfera pública, ni en acabar con la precariedad laboral, ni en poner fin al concepto de que el Estado es una empresa… el problema principal reside más en la falta de comunicación de los ciudadanos, base para poder acabar o reformar los desajustes y menoscabos citados en primer lugar.

Sé que alguno se detendrá y me dirá, -será usted, yo estoy bien informado- al que responderé -posiblemente, pero informado de qué.

La mayoría hablamos de la ley del suelo, de la reforma laboral, de la crisis económica, de la guerra de Irak, del 11 de Septiembre, de la corrupción en la alta y baja esfera pública, del reparto de escaños, del plan hidrográfico Nacional, del Estatuto Catalán, del terrorismo de ETA… pero qué hacemos sino repetir lo que dicen los medios de comunicación –y eso quien lo hace-.

Todo esto me lleva a plantear dos cuestiones: ¿Es verdad lo que nos están contando estos instrumentos legitimados por todos? ¿No parece sospechoso que una mayoría se ponga de acuerdo en aceptar lo que piensa una minoría en base a que esa minoría actúa correctamente cuando eso no es así?

Creo sinceramente que la realidad de todo esto reside más en aguantar hasta cuando queremos ser engañados. Hoy día el buen demócrata es aquél que se hace cómplice de la mentira, que la apoya y luego la crítica, que se suma a la mayoría en busca de un mal menor. Pero ¿por qué tenemos que soportar esa mentira? ¿Por qué tenemos que esperar ese mal menor y no ser ambiciosos? ¿Por qué legitimamos unos medios de información que nos informan y desinforman según las pretensiones políticas del grupo al que representan, y siempre dentro del discurso hegemónico?

Quizás todas estas preguntas me lleven a una sola respuesta, “esto es democracia”, por lo que por desdicha, vaticino, y espero equivocarme, que hasta que la sociedad no esté bien informada, o lo que es lo mismo, los medios de comunicación dejen de estar sujetos a los intereses pretenciosos de grupos que respaldan intereses sectoriales y siempre dentro del discurso hegemónico, cualquier tipo de medida social (que represente a todos) o intento de llevarla a buen puerto por grupos parlamentarios o extraparlamentarios, no tendrá ningún sentido. Y posiblemente sea demasiado pesimista, sí, pero mis razones tengo al ver como el día a día me demuestra nuestra cada vez mayor vulnerabilidad y sumisión al control de los que nos hacen daño a casi todos.

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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