La campaña

El funcionamiento de las campañas electorales es previsible y aburrido. Ya nadie se sienta a escuchar las múltiples alternativas que concurren a las urnas. Ver a tu líder, ahí, delante del micrófono, convenciéndote de lo que ya estás convencido, alejado del discurso que se respira verdaderamente en la calle y a sabiendas de que sus palabras pasaran la criba de los mercados, puede llegar a ser insultante.

A pesar de todo, si la necesidad urge y quieres conocer al menos que hablan a los que darás tu confianza, puedes recorrerte  un par de mítines (esos actos donde uno impone con su grito y el resto aplaude) o escuchar la suma de propuestas que aparecen en los tan profusos medios de comunicación. Después apunta todas aquellas que puedan –siendo egoísta- ayudarte en un futuro. De esta forma comprobarás como a la vuelta de cuatro años no se habrán cumplido ni la mitad.

Ante esto, los argumentos suelen ser varios. Unos hablan de que las necesidades reales de los ciudadanos han mutado. Otros de acuerdos que cumplir con los socios económicos debido a la coyuntura adversa que se presenta. Y otros, quizás los más torpes pero sinceros, reconocen que la mayoría de esas propuestas sirven para el engorde del panfleto con su consecuente recogida de votos de aquellos que todavía creen en la política.

En los últimos años las campañas han copado nuevos horizontes. Ya no sólo están compuestas de mítines multitudinarios, vistas a los diferentes colectivos y esa práctica ambigua de pegar carteles. Las redes sociales en todas sus manifestaciones y coloquios con los afiliados son las últimas incorporaciones.

Pero la mayor falacia de todo es que la campaña electoral consiste, por parte del partido en el gobierno, en defender lo hecho asumiendo tímidamente algún error, mientras que el resto de la oposición, en destruir lo hecho por el partido en el gobierno. ¿Para cuándo una campaña constructiva donde el partido en el gobierno reconozca los errores y proponga solucionarlos, y los partidos en la oposición no sólo se centren en los fracasos, sino que también reconozcan los logros y planteen alternativas para mejorarlos?

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Acerca de elsillóndelvago

el sillon del vago
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